¿Fin o transformación del capitalismo como modo de producción?
Guerrero Paulino, J.A
Los modos de producción son las diferentes formas en el trascurso de la historia en que se organiza la actividad económica en una sociedad particular y en un momento determinado, que pueden cambiar a lo largo del tiempo, junto con la evolución de las sociedades y de los avances tecnológicos. Los principales modos de producción son: las formas comunitarias, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y el comunismo aun cuando no hayan existido plenamente hasta ahora.
La pregunta inicial de este texto es compleja de contestar, ha sido tema de debate entre economistas, sociólogos, filósofos y políticos durante décadas. El capitalismo, como modo de producción en particular, nació a finales del siglo XV y principios del XVI, alcanzando la madurez hasta el siglo XIX, lo podemos definir como un sistema organizado de producción y distribución basado en la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado. Como sistema económico dominante a nivel mundial, se ha adaptado y transformado a los cambios de la sociedad a lo largo de los siglos. Sin embargo, es claro que en el primer cuarto del siglo XXI enfrenta críticas y desafíos significativos que podrían cuestionar y poner en riesgo su sostenibilidad a largo plazo.
Para reflexionar y en su caso sostener tal afirmación empecemos por revisar algunos puntos clave importantes:
· El capitalismo ha transitado por crisis periódicas (como la Gran Depresión de 1929, la crisis financiera de 2008 o la recesión provocada por la pandemia de COVID-19 en 2020). Estas crisis han llevado a algunos especialistas en el tema económico a cuestionar la estabilidad del sistema.
· La creciente desigualdad económica, al interior de los países impulsores de este modelo y a nivel mundial, ha generado tensiones sociales y políticas. Movimientos como el 15-M que comenzó con una serie de manifestaciones de la sociedad por todo el territorio español donde los ciudadanos mostraron su descontento ante la crisis económica de 2008 y ante los recortes en las ayudas sociales y públicas, Occupy Wall Street una protesta contra la desigualdad económica y la corrupción en el derecho corporativo, que tuvo lugar del 17 de septiembre al 15 de noviembre de 2011, con sede en la Ciudad de New York, que marcó el inicio de un nuevo enfoque sobre la desigualdad de la riqueza en la política americana o las protestas contra la globalización neoliberal han criticado el capitalismo por perpetuar la concentración de riqueza en manos de una minoría.
· El cambio climático y la degradación ambiental plantean serios desafíos a este modelo, ya que muchos señalan con argumentos que el planeta no puede sostener un crecimiento ilimitado para sostener el crecimiento económico continuo, lo que a implica un uso intensivo de recursos naturales. Al respecto han surgido algunas alternativas como el “decrecimiento” propuesto por el economista y sociólogo francés Serge Latouche, quien sostiene que es posible reducir la actividad económica agregada en los países de ingresos altos a la vez que se mantiene e incluso se mejora el grado de desarrollo humano y bienestar o el “capitalismo verde” impulsado por el economista ambiental británico David Pearce que busca profundizar el modelo de concentración de las riquezas y la mercantilización de todos los aspectos de vida con un discurso ambiental y de desarrollo sostenible.
· La automatización, la inteligencia artificial y la digitalización están transformando el mercado laboral. Esto podría llevar a una mayor precarización del empleo y a una mayor concentración de riqueza en manos de quienes controlan estas tecnologías, ejemplos como Elon Musk: CEO de Tesla y SpaceX, con una fortuna de 421,6 mil millones de dólares, Jeff Bezos: Fundador de Amazon y Blue Origin, con una fortuna de 250,1 mil millones de dólares y Mark Zuckerberg: CEO de Meta, con una fortuna de 237,9 mil millones de dólares, por mencionar algunos.
Algunos teóricos, como Yuval Noah Harari historiador, filósofo y autor de los éxitos de ventas internacionales Sapiens, sugieren que el capitalismo podría evolucionar hacia un sistema donde el trabajo humano sea menos relevante, lo que plantearía preguntas sobre cómo se distribuirán los recursos en el futuro.
· Aunque el capitalismo sigue siendo el sistema dominante, existen propuestas alternativas, como el “socialismo democrático” que plantea que tanto la economía como la sociedad deben funcionar democráticamente para satisfacer las necesidades públicas, no para obtener ganancias para unos poco o el “comunalismo” como una ideología política y económica que promueve la propiedad compartida de recursos, propiedades y riqueza, con una organización social teniendo como base la comunidad. Estas ideas buscan combinar la justicia social con la sostenibilidad ambiental. Sin embargo, ninguna de estas alternativas ha logrado reemplazar al capitalismo a gran escala, en parte debido a la falta de consenso sobre cómo implementarlas de manera efectiva.
A partir de este análisis es claro referirnos a que no hay consenso sobre si estamos ante el fin del capitalismo como modo de producción. Lo más probable es que continúe evolucionando, enfrentando desafíos y adaptándose a nuevas realidades. En su esencia, probablemente persistirá en el corto y mediano plazo, porque sus bases, como la propiedad privada, el mercado como mecanismo de distribución y la acumulación de capital, están profundamente arraigadas en las estructuras económicas, políticas y culturales a nivel global.
Sin embargo, los problemas estructurales como la desigualdad, el cambio climático y la automatización podrían llevar a transformaciones profundas en las próximas décadas. El futuro del capitalismo como modo de producción dependerá en gran medida de cómo la sociedad decida abordar y enfrentar estos desafíos, desde luego si surgen alternativas que prioricen la equidad social.
El capitalismo como modo de producción, está en crisis, quizá no la que pueda marcar su fin, pero si la que inicie a poner fin a su hegemonía global. Se puede observar la “desesperación” de los EE.UU., que ha sido su principal promotor, por mantener el control, la “fragilidad” política, económica, tecnológica, etc. que muestra la Unión Europea, contrapuesto a esta situación está el avance económico y tecnológico de China y el surgimiento de los BRICS.
El cambio hacia un mundo multipolar puede ser un catalizador para transformaciones significativas en beneficio de la sociedad, aunque estas transformaciones no están exentas de conflictos y resistencias
Las estructuras de poder existentes, principalmente económicas, políticas y militar especialmente en Occidente, tienen un interés claro en mantener el status quo. Esto se refleja en políticas proteccionistas, sanciones económicas y esfuerzos por contener el ascenso de potencias como China o el fortalecimiento de los BRICS.
Estos conflictos no son solo económicos, sino también geopolíticos, tecnológicos y culturales. La guerra comercial entre EE.UU. y China, las tensiones en el Mar del Sur de China o la competencia por el control de tecnologías clave (como los semiconductores) son manifestaciones de esta resistencia al cambio.
Vivimos una estrategia de sometimiento global, no percibida por el ciudadano común, que tiene como finalidad mantener lo que llaman el “orden mundial” dictado por Occidente, principalmente EE.UU.
Un mundo multipolar puede ofrecer oportunidades para una mayor diversidad de modelos económicos y sociales, y la posibilidad de una mejor distribución de beneficios. Entre algunos otros tenemos el ejemplo del modelo chino en la planificación estatal y la reducción de la pobreza, que algunos llaman “capitalismo de estado”, o las iniciativas de los BRICS para reducir la dependencia del dólar, podrían inspirar cambios en otros países.
La competencia entre modelos puede llevar a una mayor atención a temas como la desigualdad, la sostenibilidad ambiental y los derechos laborales, ya que los países y bloques buscarían ganar legitimidad y apoyo tanto a nivel interno como internacional.
Si el nuevo orden mundial logra equilibrar el poder económico y político, puede haber más espacio para políticas que prioricen el bienestar social sobre la acumulación de capital. Esto trae un mayor impacto en lo social: mayor inversión en servicios públicos (educación, salud, vivienda), políticas redistributivas de ingresos para reducir la igualdad y enfoques de desarrollo más sostenibles en términos ambientales.
El tránsito hacia un mundo multipolar esta generando conflictos, es claro que también esta fomentando una mayor cooperación en áreas de interés común, la economía, el cambio climático, la salud global o la regulación de tecnologías emergentes. La clave está en encontrar mecanismos de gobernanza global que permitan gestionar las tensiones entre bloques y promover soluciones colaborativas. Mecanismos de un nuevo “orden mundial” no sometido por un país o bloques de países, sino considerando la multipolaridad del mundo.
El capitalismo, como sistema y modo de producción, se ha adaptado y reinventado con la evaluación de la sociedad, como alternativa viable en algunos momentos históricos, pero también como única opción para el mundo. El cambio hacia un mundo multipolar puede ser una oportunidad para transformar sus bases y hacerlo más inclusivo, sostenible y justo, y que los beneficios del desarrollo económico se distribuyan de manera más equitativa.